Una de las deudas pendientes de la vida era esquiar. 

Tuvimos la suerte de conocer hermosas playas del Caribe, inmensas ciudades en América o increíbles e históricos monumentos por Europa. Pero nunca habíamos esquiado y hacia allí fuimos. La ciudad de Esquel en la provincia de Chubut en nuestra querida Argentina. Porque, a la vista está, nuestro país tiene únicos e increíbles paisajes para disfrutar. 

Las vacaciones en Trelew (ciudad que compartiremos en un futuro posteo) nos pedía el esfuerzo de agarrar la ruta en dirección oeste hacia la Cordillera de los Andes para ir a visitar la hermosa ciudad de Esquel

Aproximadamente 2 meses antes ingresamos a la web del Centro de Ski “La Hoya” en su web: https://www.skilahoya.com/ y compramos los pases de un día .

Recomendación: Alquilar los trajes, los cascos, los esquís y todo lo que se necesite en la ciudad, ya que si lo alquilan una vez en el centro de esquí es bastante más costoso.

En Septiembre de 2019 el valor de lo más básico imprescindible costaba alrededor de $800, que consiste en casco, esquí y pantalón impermeable. 

Es clave tener una buena campera también impermeable y lentes de sol. Si no llevan, también pueden alquilarlos.

Luego de tener todo el equipo listo nos dirigimos hacia la aventura a bordo de una Amarok, 100% necesario un tipo de transporte similar en estos terrenos montañosos.

Llegados al centro de Ski, y luego de canjear el voucher online en las boleterías nos subimos a la silla que te lleva a la cima de la montaña y sinceramente esta experiencia fue mucho más gratificante incluso que hasta el propio esquí. Los paisajes son asombrosos, el blanco más blanco que podes ver y los aires más puros que podés respirar, están en esas montañas.

Como conclusión podemos sacar una cosa muy clara: “Esquiar no es para cualquiera, ja”. Para poder hacerlo bien y disfrutarlo es necesaria mucha paciencia, soportar unos cuantos golpes y mucha práctica y perseverancia. Es una experiencia fascinante por los paisajes que nos deja en la retina, una inmensidad increíble, con unas vistas alucinantes.

Para la vuelta se complicó un poco porque en la cima de la montaña nos agarró una fuerte tormenta de nieve y sumado a que el piso dejó de ser nieve para pasar a ser hielo, la estabilidad se hizo difícil y el frío penetraba los huesos. Nos mandaron en la silla que a diferencia de la subida, ahora el cielo era gris, con viento y bastante más frío, se movía mucho y con el cansancio de haber pasado todo el día a los golpes hizo que se hiciera bastante extenso el trayecto.

Claramente una experiencia inolvidable que recomendamos 100%.

Les dejamos una pequeña galeria de fotos

Nuestra Bio

Conocenos

Nuestros Destinos